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Disparan a Rey Momo barranquino 3

Posted on March 01, 2010 by Luis Torres Montero

fak-yu-mezarina

Un minuto de silencio columnero por Chile, en estos duros momentos. 60, 59… Ya. Comienza la diversión: Anteayer se celebraba el Carnaval de Barranco, una fiesta tradicional callejera desde Río de Janeiro hasta el malecón Paul Harris, pasando por mi habitación llena de vedettes. Como todos los años, a diferencia de todo el mundo, el Rey Momo vestía de traje Eguren con esas energías positivas universales que, si existiera vida fuera del planeta juraría que las alienígenas también salen desnudas con sus comparsas en sus calles hechas con una textura de Scotch – Brite. Caía la noche, las caras pintadas bailan a su jolgorio en la calle Cajamarca cuando de repente llega una moto y carros de la policía. Los cercaron con sus escudos, y los broders, causitas, batería, pipol, criu, se tomaban foto con la tombería porque creían que era una broma. -No fue la del de Momo, el dios de la burla y la locura, fue una pesada, la del mamón del municipio-. Y se detonó LA PRIMERA bomba lacrimógena para reprimir, dizque, a la gente que obstaculizaba el paso (por Deus ¿De qué? Wuadafak!). Como si fuese la turba que de la muerte y el caos. La cómica (comisaría) sigue órdenes, y en esta naturaleza, viendo a la tropa numerosa y venida de otra dependencia, el mandato siempre llega del permiso de las autoridades ediles. Para ellos eran unos pirañas con las gorras para atrás y el cuchillo también, los marcas, los sicarios de las obras de construcción civil; nunca notaron que eran apenas estudiantes alegres, vecinos jubilosos, con sus niños y con las ganas de celebrar. No les importó, tampoco, que las calles de Barranco sean pequeñas y cerradas, que el gas se metiera por todas las ventanas de los que sólo vivían en sus casas esa tarde y pagan sus arbitrios para llenarse de náuseas y ardores. Lunes, 1 de marzo.10 a.m. “Malpal”, el justiciero del verbo, porta su espada láser y se dirige de puro vengativo a la puerta del alcalde Antonio Mezarina. Abre la puerta con el gancho de la prima (antiprima en las noches), y llega al sillón del burgomaestre: sólo hay una pistolita de agua, junto a un papel escrito con caligrafía con pulso tipo after terremoto. Literalmente: “Comprende, es mi último carnaval como alcalde, pe, no la hice y quise reprimirlos por pura envidia; perdóname, Malapalafaiter”. Rompí la nota, y pregunté por su domicilio a una chata poderosa. No sin antes, revisar la batería de mi espada.

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